El monumento del barco hundido

“Love love” es un barco a punto de hundirse en el mar. Aunque a simple vista parece inestable y peligroso, nunca se hunde. Mezclando arte y funcionalidad, la ambigüedad de esta escultura es más de lo que a simple vista quiere parecer.

Julien Berthier, su creadora, ha trasladado la sensación de vacío a una obra de arte, el barco que parece estar a punto de perder la batalla con el mar. Sin embargo, es un objeto de “ocio, funcional y seguro”, que permanece impasible ante el espectador, que en ocasiones lo admira con dramatismo o con consternación, como más adelante cuenta la creadora. Y es que, durante algunas exposiciones, el público ha creído estar ante un naufragio auténtico y ha llamado a emergencias.

La historia de este barco comienza cuando la autora lo encuentra en Normandía, hace cuatro años. Estaba a punto de ser destruido, y tras explicarle a la dueña la obra de arte que tenía en mente, esta se lo donó a Julien.

Una nueva construcción

La autora explica que su trabajo transcurrió en un astillero donde fue trasladado el barco que inicialmente, estaba partido en dos. Para poder transformar su idea en realidad, selló el barco con fibra de vidrio, le dio a la quilla una forma nueva, colocó dos motores eléctricos en la parte posterior y situó el asiento en una posición nueva, que no rompiera el equilibrio de la nueva construcción.

“Love love”, a pesar de no tener unas características hidrodinámicas sobresalientes, es muy fácil de manejar en aguas calmadas, y las personas que naveguen en él pueden ir cómodamente sentadas. Su nombre, “Amor amor” en español, es el originario de este tipo de embarcaciones francesas típicas, que las familias de los años 80 utilizaban para divertirse los fines de semana. Su creadora quiso conservarlo porque es una imagen cargada de significado: a pesar de lo que parezca a simple vista, nada va mal en este barco.

Los viajes de un barco: ¿casualidad?

Primero, el barco estuvo expuesto en Londres, en el Támesis, justo a orillas del distrito financiero. Dos días antes, Lehmann Brothers quebró, y desde entonces, tanto para los espectadores como para la prensa, se convirtió en un símbolo de crisis.

Sin embargo, la artista llega más lejos con su percepción de lo que este barco significa: “Es un barco naufragado, pero sigue funcionando en una posición que parece augurarle el final. Debería ser la imagen no de un mundo que se derrumba, sino también de uno que sigue en marcha a pesar de que parezca estar cayendo”.

Una obra de arte con llamadas al 112

El aspecto final del barco, poético, literario, significativo y turístico es sorprendente. Este verano, la pieza también se expuso en el lago Constanza, en Alemania. Las autoridades conocían su aspecto, pero no algunos de los espectadores, que creyeron estar presenciando un hundimiento y llamaron a los servicios de emergencia sintiéndose testigos del final del barco y sus ocupantes.

“Quiero hacer a las personas participantes de mi obra”, declara Julien. “Mis creaciones son parte de la realidad social y económica, y por eso quiero hacer todas las piezas con la máxima percepción de realidad”. Parece que ha conseguido su objetivo, porque, aparte de ser parte de una obra de arte, es un icono más allá de lo que significaba para su autora inicialmente. Su ambigüedad y su simbolismo lo han hecho convertirse en la imagen de algo que es lo que no parece ser, apartado de cualquier tentativa de indiferencia.

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